Relato de una noche de Luna Menguante
Aquel pequeño lago estaba en calma. Lejos, llovía, podía sentirse.Pero ahí, las nubes habia dado paso a la Luna, que ahora brillaba intensamente a pesar de estar en Cuarto Menguante. Solo quedaba una brisa suave que se debilitaba poco a poco.
Ella se acercaba desde la oscuridad del bosque hacia el pequeño claro, casi corriendo, pero sin hacer mayor ruido. Pero poco antes de llegar a su destino, se detuvo en seco: allí estaba él, sentado bajo un árbol recién reverdecido, junto al lago. Sus ojos, melancólicos, reflejaban una débil luz azulada mientras observaba a la Luna y su reflejo sobre el agua crisalina. Aquella imagen casi la deja sin respiración, y, después de proferir un suspiro profundo y silencioso, siguió avanzando, esta vez más lento, hacia donde él se encontraba.
Al estar lo suficientemente cerca, esos ojos tristes se levantaron y se encontraron con los de ella. Ambos rostros esbozaron apenas una sonrisa, pero era de sincera alegría. Él le tendió la mano y ella la tomó, inclinandose hacia abajo. Juntaron leve y rapidamente sus labios como saludo, y ella se sentó a su lado, recargandose del árbol, aun sin soltar su mano y descansando su cabeza sobre el hombro de él, a lo que respondio rodeándola con el brazo libre, atrayéndola hacia sí suavemente. Miraron en silencio durante unos segundos el hermoso y tranquilo paisaje a su alrededor.
-Me alegra que hayas venido- dijo ella en voz baja, mientras posaba sus ojos en él y apretaba un poco mas la mano que tenía bajo la suya.
-Y a mi que tu sí hayas llegado- dijo él, en tono algo burlón, mirando aun la lejanía, haciendola sonrojar un poco. Siempre era así: él llegaba antes que ella, y la esperaba pacientemente, cosa que ella agradecía de corazón.
Él bajó su mirada hacia ella, pero esta vez, los ojos que lo miraban estaban empañados y humedecidos, haciéndole saber que al vez no estaba tan bien como le habia dicho hacía unas horas.
Y ella ya no se contuvo más; se soltó a llorar. Él solo la abrazó fuertemente, esta vez con ambos brazos. Cada sollozo que ella daba le dolía tambien, aunque, a la vez, le daba una cierta paz. Dicho sentimiento lo desconcertaba mucho. Comenzó a acariciar su cabello, tratando de reconfortarla. Así, ella dejó correr con esas lagrimas todo lo que sentía que la lastimaba por dentro, sin saber exactamente qué era, y esas tibias caricias la tranquilizaban lentamente.
Cuando cesaron lo suficiente los gimoteos y las lagrimas, se apartó un poco de su abrazo para hablarle.
-Lo siento, lo siento mucho, de verdad. No quería que vinieras aquí solo para esto- dijo con la voz algo entrecortada y los ojos hinchados viéndolo fijamente-. Pero te lo agradezco mucho. No se que me hizo sentir así, aunque ahora, aquí, junto a tí, ya me siento mucho mejor.
-No te preocupes-.dijo él, limpiando con sus dedos una lagrima que volvia a bajar por la mejilla de ella-. Yo tampoco se porqué, pero yo también me siento aliviado-. Le sonrío dulcemente, y ella no pudo evitar contestarle de la misma forma.
-Te quiero, mucho. Ni te imaginas cuánto.
-Y yo a tí, mucho más.
Ella se apretó contra él, y se abrazaron fuertemente de nuevo. La Luna brillaba todavía fuertemente sobre sus cabezas, sobre el gran árbol, sobre el pacífico lago...
Despertaron. Cada uno en su respectiva cama, separadas entre sí por miles de kilómetros de distancia. Se sentían tranquilos y felices, sin estar seguros porqué, solo sabiendo que allí, lejos en algún lugar, había otro corazon sintiendose igual que el suyo en ese momento.















Comments
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~+Diseño grafico+~
debo admitir quye eres muy buena escritora .. captas la magnitud de los personajes ;D
gracias corazon .. yo me sentoi igual en la mañana
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